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jueves, 22 de junio de 2017

Numidia Vaillant: piano-woman, jazz-woman (II y final)



Como compositora y viviendo aún en Cuba, Numidia avanza algunos pasos: el gran cantante franco-hispano Luis Mariano le graba su mambo Juanita la Chismosa (RCA Víctor V23-6455), el 22 de julio de 1954. Meses antes, en marzo, el Conjunto Casino le graba, para el sello Panart, el bolero No sé por qué no me quieres, en la voz singular de Rolito Rodríguez.

En enero de 1956, Show, la revista de los espectáculos, destaca a los llamados 'pianistas excéntricos', en su selección anual de 1955, que singulariza en Ignacio Villa, Bola de Nieve, y Numidia Vaillant. En el programa Show de Medianoche, en Radio Continental, situada en Prado y Colón, La Habana, en agosto de 1956, Numidia figura entre las prominentes y numerosas figuras que desfilan por los micrófonos del popular espacio. Son los tiempos de sus recordadas noches en el Club 21, un lugar que aún señala esa esquina de N y 21,frente al hotel Capri, en El Vedado, pero hoy ya muy diferente y donde nadie recuerda ni sabe de aquella muchacha que todas las noches maravillaba con su piano.

Numidia consigue fidelizar a un grupo de selectos degustadores de su pianismo y su voz, cubanos y extranjeros de clase media y alta que frecuentaban el Club 21 y que comenzaron compartir con ella una relación cálida y amistosa. Los recuerdos de Dámaso Rodríguez, Yuyo, chef del night-club y gran aficionado al canto, dibujan a la Numidia de aquellas noches del Twenty-One, como también le llamaban: “Fue la primera pianista del Club 21. Era de carácter risueño, pero no de medias tintas, porque le decía al pan pan y al vino vino. No era guarachera, lo de ella era Edith Piaf, Michel Legrand, Lecuona, Cesar Portillo, José Antonio Méndez, y por eso gustó mucho a los clientes de la alta sociedad de entonces. Fue la primera pianista que me montó repertorio y por ello hicimos buena mancuerna. Su gran admirador era un remero del Habana Yacht Club, Titi Longa, familia de la famosa escultora, a él le gustaba cantar y ella gustaba de acompañarlo. Una noche la acompañé al restaurant Chez Merito en el Hotel Presidente y como había un piano me invitó a cantar y yo que no me parecía a nadie pues la complací. Cada vez que escucho La Vie en Rose la recuerdo.”

A instancias de Titi Longa, Numidia accede a acompañarle en la grabación de un disco LP, que se publica bajo el título Cita en el 21, por el raro sello Hi Havana (LM-500).El disco incluye los temas No puedo ser feliz, Que seas feliz, Tú mi delirio, Vuela Coloma, Tú me acostumbraste, Por qué volviste a mí, Profecía, Qué dirías de mí, Sensualidad y Mañana será hoy, esta última de la autoría de la Vaillant. En la foto, a la entrada del Club 21, Elena Burke y Meme Solís.



Es también en el Club 21 donde por primera vez Marta Valdés se encuentra con Numidia Vaillant, probablemente, en el verano de 1956, según los recuerdos de la compositora habanera, cuando su amiga Renée Barrios cantaba también allí, en uno de sus espacios de la noche, e interpretaba dos o tres de las canciones de la Valdés. Todas jovencísimas y arrebatadas por la canción. Allí coincidió Marta con el matrimonio de arquitectos Lanz-del Pozo, cuya residencia les abre a todas los brazos para que voces y piano experimenten, unan sentimientos y afloren nuevas canciones. Numidia, Marta, las Hermanas Benítez la frecuentaban y hacían habitual la magia reiterada de los reencuentros con sus anfitriones e invitados.

Beatriz, Pilar, Petry, Beba y Juanita, las Hermanas Benítez formaban en 1956 un quinteto vocal, al que se vincula la Vaillant en calidad de pianista acompañante, en una labor que como ya señala Marta Valdés, abarca también el montaje de voces y la realización de arreglos. Muy pronto surge un contrato para presentarse en Estados Unidos. El vuelo 951 de Aerovías Q llevará a Numidia y las Benítez en su primer viaje a Key West el 17 de enero de 1957, quienes se presentarían bajo el nombre comercial de The Cuban Cuties and Numidia Vaillant. Para la pianista, la de 1957 sería también su única experiencia de permanencia en ese país. Sus motivos tuvo para no regresar, y la impresión que aquel periplo dejó en ella, logró sintetizarla en la citada entrevista con Palma y Couffon:

-Fue en 1957, que era muy difícil, y mi impresión del Sur fue tan desagradable en ese aspecto (el racial) porque del resto aprendí muchísimo jazz y de todo. Yo me dije: “A este país no volvería ni de casualidad”. Así fue. Por poco voy a la cárcel. En una tienda del sur de Mississipi compré unas cosas y después quise tomar un jugo de naranja y no me lo sirvieron. Yo no me quise ir y les dije: “Si mi dinero no es bueno para un jugo de naranja, devuélvame el dinero que he gastado, que no será bueno para las otras cosas”. Llamaron a la policía, los bomberos cerraron la cuadra, evacuaron todo y vinieron como fieras. Yo hice como que no hablaba inglés. En español les dije: “Soy ciudadana cubana y ustedes no tienen derecho a hacer eso”. Fue un incidente muy grande. Con las chicas con las que viajaba, estuvimos en la primera plana en el periódico. Por la noche, mucha gente de todas las razas vino al concierto. En Baltimore no había hotel para nosotras. Tuvimos que dormir en el coche, en la montaña, y veíamos explotar las bombas abajo, porque eso fue en el 57. En Little Rock, tuvimos que dormir con la policía acostada al lado de la puerta. El cabaret donde fuimos a tocar tenía un policía cada dos metros para protegernos, y nos desplazábamos en los autos de la policía negra. Recorrimos todo el Sur desde el mar del Caribe hasta el Océano Pacífico. Después nos fuimos para el norte hasta Seattle y ya fue otra cosa. El viaje por el centro fue diferente. Luego hubo que hacer el Sur, Carolina del Norte, Carolina del Sur.

En julio de 1957, antes de continuar la gira por Estados Unidos, Numidia y las Benítez se destacan en el show del Casino Parisién del Hotel Nacional de Cuba, donde son contratadas por dos semanas, con un repertorio ecléctico que va, desde Seventeen, Arrivederci Roma, Morirat, Bailando Calypso hasta el Yerbero Moderno, y que provocó elogiosas críticas y el contrato para presentarse en noviembre de ese año en Miami Beach, en los hoteles Algiers y Sevilla. Contaría Numidia: “Después de Miami, regresé a Cuba, a mi casa. Teníamos un contrato para volver. Cuando volví para trabajar con la orquesta, no me dejaron tocar el piano. Sólo me dejaron dirigir la orquesta. El director del sindicato de música dijo que aunque yo tocara muy bien, no me lo iba a permitir porque había norteamericanos que tocaban mejor que yo. No me quiso dar el permiso para tocar.”

En efecto, la nota aparecida en la revista Show lo corrobora: “La Unión de Músicos que preside Mr. Petrillo impidió la actuación de la pianista Numidia Vaillant, que acompaña siempre a las Benítez.” Las Hermanas Benítez con Numidia siguen despertando interés de los espacios nocturnos habaneros y al año siguiente, en enero de 1958, están presentándose en el bar del Cabaret Sans Soucí, valoradas por la empresa como un verdadero acierto de elección. Numidia sigue con sus presentaciones como pianista en el selecto Club 21. También en 1958 hace parte de un memorable concierto donde el flautista Roberto Ondina dirige una orquesta de cámara secundado al órgano por Sara Jústiz y Numidia al piano, y como cantantes solistas, Marta Pérez, Tomasita Núñez y Luisa María Morales, entre otros.

En un período anterior a 1958, según la misma fuente, estuvo en México, probablemente coincidiendo o junto a Las Hermanas Benítez, donde permaneció seis meses (entre 1957 e inicios de 1958), pero a consecuencia de una actitud malintencionada de una supuesta amiga, nunca obtuvo el permiso para trabajar. Las Benítez terminaron radicándose en el país azteca y luego desperdigándose por el mundo, alejadas de los escenarios y entregadas a las familias que decidieron crear. Pero antes, durante su período mexicano, nos cuenta el doctor Cristóbal Díaz Ayala, dejaron una serie de grabaciones que acaban de ser referenciadas, lo que ameritará una investigación más exhaustiva para tratar de identificar la posible presencia de Numidia Vaillant y su piano con ellas en estos registros fonográficos. De ese período data la grabación que hicieran Las Benítez del tema Bailando calypso de la autoría de Numidia, registrado por el sello Musart (01962) en marzo de ese mismo año. Ese mismo sello acoge la grabación que el dúo chileno Sonia y Miriam hiciera su tema A través del mar, en noviembre de 1962, con la referencia 03309. La pianista santiaguera también menciona haberse presentado en Colombia y Bahamas, probablemente antes de viajar a Europa, aunque sin precisar fecha. Mientras permanece en La Habana, trabaja, aprovecha el tiempo, continúa sus estudios de francés en la Alianza Francesa.

Las reflexiones de Numidia, tras el viaje a los Estados Unidos, transparentan varias conclusiones que implicarían cambios definitivos en su vida: “Después del viaje me puse muy violenta, muy salvaje contra las costumbres cubanas. De regreso a La Habana me di cuenta de muchas cosas que no veía antes. Entonces me dije que en un país en donde mi abuelo había sido uno de los fundadores, yo no podía soportar que se me tratase mal. En aquel entonces si uno protestaba por un maltrato racial, decían que uno estaba hablando mal del gobierno y lo metían a la cárcel. Es decir, que era verdaderamente una catástrofe. Entonces me puse a reunir dinero. Yo tenía buena posición, trabajaba en un club muy exclusivo (se refiere al Club 21) donde ni los sirvientes eran negros. La única negra era yo, la pianista. Allí conocí a Nat King Cole. Allí conocí a muchas familias europeas que me dijeron: Usted tiene que ir a París. Me hablaron del club-restaurant La Calavados. Mi profesor de piano en el conservatorio me decía lo mismo. En un año reuní dinero suficiente y me fui a París.”

Una decisión con sabor a decepción, un halo de romanticismo, y hasta de ingenuidad, pero también con ganas de comerse el mundo en pos de su realización personal, que no deja indiferentes a algunos: en editorial titulado Ante el desastre, el director de la revista Show, Carlos Manuel Palma escribía: “…el éxodo de grandes figuras preteridas se nutre con otro nombre glorioso, pero desgraciadamente olvidado. El de Numidia Vaillant, la excelsa pianista y compositora, que huye avergonzada del vacío que la rodea. Se va sin contrato, con admirada valentía, hacia la vieja Europa. Ojalá que este conmovedor suceso sirva de ejemplo y de lección objetiva, sobre todo a los que dilapidan fortunas en importarnos artistas que vienen a hacer su aprendizaje ante nuestras cámaras de televisión.”

En el número siguiente, la revista reproduce un fragmento de una carta del cantante Miguel D’Gonzalo desde Caracas y dirigida a Palma: “Lo que dices de Numidia Vaillant vale un capital: pensar que desde que ella tenía 8 ó 9 años, está sentada en ese piano, pues somos de Santiago de Cuba los dos, como lo es Luis Carbonell, que también puede dar fe de lo estudiosa que siempre fue Numidia y que después de demostrar que puede ser concertista eminente, pianista popular y excéntrica excelentísima, como también compositora de fibras muy hondas, tenga que irse a Europa, avergonzada del trato que los advenedizos productores de nuestra asqueada TV (aún a sabiendas de los valores incalculables que tenemos para regalar, si se nos diera la ansiada oportunidad con constancia) le da a ella, como a un Pepe Reyes que afortunadamente se encuentra fuera del terruño, no así Reinaldo Henríquez, Olga Rivero y otros, por no mencionar la lista innumerable de artistas de verdadera valía que hay en Cuba y que apenas se le atiende.”

Numidia Vaillant llega a París el 3 de noviembre de 1958, mecida quizás en brazos de aquella rara sensación que le provocaban las lecturas adolescentes de Dumas, Hugo o Balzac: el sueño de Europa. “Me daba ilusión pasearme algún día por las calles donde había vivido tanta gente interesante. Quería conocer la historia de Francia, vivir por lo menos un año, ver París, los monumentos, las iglesias, los puentes, la torre Eiffel. Me habían dicho que en París los libros eran baratos, sobre todo los libros de estudio. Me habían dicho que aquí se podía estudiar lo que uno quería, que había posibilidades para todo el mundo. Que había lugar para todas las nacionalidades. Yo tenía deseos de estudiar, de aprender cosas, historia del arte, por ejemplo. Había leído muchas obras que hablaban de París, de la vida de los grandes músicos que decían que no se consideraban consagrados, si no habían sido aceptados por el público de París. Yo tenía la ilusión de estudiar en el conservatorio. Mi profesor de La Habana, Joaquín Nin, que había sido profesor en el Conservatorio de París, me había dicho: “Usted tiene que ir a París a estudiar”. Por eso escogí París.”

Más razones confesaría la Vaillant para sustentar su ilusión de París: “Soñaba que iba a tener una vida brillante como músico y que iba a tocar con una gran orquesta y que luego en Europa algún rey me iba a convertir en marquesa y que iba a ser la primera belleza negra del mundo”, confesaría en tono infantil, reconociendo que “eran cuentos de hadas”. Junto a la fascinación por la Ciudad Luz y el mito de París construido minuciosamente en sus sueños, parece ser que la talentosa pianista está decidida a enfrentar al mundo con tal de triunfar con sus manos sobre el teclado y conquistar el reconocimiento del que se sabe merecedora. Trae consigo cartas de recomendación de aquellas familias aristócratas que acudían a aplaudirla al Club 21, y que iban dirigidas a otras familias parisinas, que, asegura la pianista, la acogen en fechas difíciles como navidad, fin de año y otras memorables, “para evitar que el choque fuera demasiado fuerte. La primera familia francesa que me acogió con la cual guardo una amistad enorme, como si fuera mi propia familia, fue la de mi profesora de la Alianza Francesa de segundo año, Madame Pagniez. Sus hijos son como si fueran los míos”, aseguró alguna vez.

Tuvo la suerte de que su primer trabajo fuera en una boite de jazz, nada más y nada menos que el famoso Blue Note, franquicia parisina de excelencia del famoso club neoyorkino que tiene plazas en las más importantes ciudades del mundo. De hecho, el de París era el de mayor renombre y prestigio en Europa y allí, donde tocan los grandes, Numidia fue contratada por un mes, pero la cubana volvería una y otra vez, llamada nuevamente en diferentes momentos de su vida parisina. Siempre reconoció lo importante que fue en su aprendizaje su paso por el Blue Note y poder ver y también en ocasiones acompañar a grandes del jazz como Stan Getz y Bud Powell. En el Blue Note, el BeBop y muchos otras boites de jazz de Saint-Germain des Près dejaría la santiaguera el sonido de su piano y ellos, en ella, la huella indeleble del mito. Después de su primera incursión en el Blue Note, según cuenta ella misma, trabajaría en aquel restaurant chic y famoso del que tanto le habían hablado sus amigos franceses en el habanero Club 21: La Calavados, un sitio donde por las características de los asiduos, exigían cantar en cinco o seis idiomas, lo que para Numidia no fue nunca un problema, pues además de en español, cantaba en inglés, francés, italiano y portugués. A poco más de un año en París, ya la santiaguera anda con pasos firmes en la vida nocturna de la gran ciudad.

En esos años todavía a La Habana llegan noticias sobre Numidia: la revista cubana Carteles, en mayo de 1960, resume sus éxitos en París y comenta en su sección De la farándula, fragmentos de una carta suya al columnista Arturo Ramírez: “He sido presentada en el Blue Note, en los Campos Elíseos, en el nite-club Suzzy Palydor. Pasé luego a Cataluña para presentarme en el lujosísimo Club Garbi, en S’Agaró de la Costa Brava. El público se encantó con las cosas del folklore cubano y con las interpretaciones de las danzas españolas de Lecuona, que toqué junto a las de Albéniz. Tanto en París como en Cataluña mi arreglo pianístico del zapateo cubano ha gustado muchísimo”, escribiría Numidia al cronista de la revista cubana Carteles.

En Barcelona se presenta de manera destacada en la televisión y a su regreso a París, la llevan a Tele-París donde es entrevistada e interpreta una selección de composiciones propias. En 1959 se le pude ver en Le Boeuf sur le toit, con un programa de temas populares de Centro y Suramérica, entre otros. Allí, comenta Numidia “tuve la suerte de encontrarme con personajes como el actor Jean Marais, que se interesó mucho por mi música y mis canciones.” Para entonces, había comenzado a componer en francés, auxiliada por un diccionario, con lenguaje y temas de la vida diaria, que reflejaban las emociones de su nueva vida y de su nueva ciudad. Y esas canciones gustaron! En Le Boeuf sur le toit, acompaña también al piano al cantante cubano Sergio Fiallo, quien había sido parte del elenco del show del Casino de Capri en La Habana.

Los ecos de la buena acogida que han tenido los cubanos llegan hasta La Habana: “Numidia Vaillant y Sergio Fiallo triunfan en un cabaret de nombre raro Buey sobre el techo", escribió la revista Show. "Fiallo canta obras de Frank Domínguez, Facundo Rivero, Marta Valdés. Tiene a la gente en éxtasis” , reportaba desde la Ciudad Luz el cantante Roland Gerbeau, que también hacía las veces de corresponsal de la revista del espectáculo en Cuba. Ciertamente, en La Habana aún el nombre de la Vaillant no había caído totalmente en el olvido: entre las 'maravillas del teclado' aparecía el de la santiaguera junto a los de Mario Romeu, Paquito Godino, Rafael Somavilla, Bebo Valdés, Rafael Ortega, Adolfo Guzmán, René Touzet, Armando Oréfiche, Frank Emilio, Carlos Ansa, Enriqueta Almanza y las dos Zenaidas, Manfugás y Romeu.

En su obsesión por los estudios, en 1959 es aceptada en el Conservatorio de París. “Me aceptaron sin derecho al concurso, porque tenía 30 años, que era la edad límite. El profesor me aceptó como alumna privada, gratis. Le gustó mi modo de tocar y me preparó un concierto con el Quatour Margand, que era muy importante. Fui al Conservatorio de París hasta 1961. Cuando terminé con ese profesor tocamos un quinteto de Cesar Frank y algunas obras contemporáneas con la presencia de un compositor como Rolland Manuel y Daniel Lesur. Allí estuvo mi antiguo profesor de armonía en el Conservatorio de La Habana, Harold Gramatges, un gran musicólogo, compositor y gran pianista que estaba de Embajador de Cuba en París. Eso me dio mucha alegría. Después seguí tocando otras cosas, sobre todo música cubana del siglo XIX, que ya tocaba en Cuba para la radio y la televisión.”

Los inicios de los 60 definen el período finés de Numidia Vaillant, marcado por su debut cinematográfico en 1962 en el filme Yö vai päivä (Noche o día), de los directores Risto Jarva y Jaakko Pakkasvirta (Finlandia), asumiendo como actriz uno de los roles principales, además del de compositora, pues en la banda sonora del filme aparecen temas suyos de los cuales el más difundido entonces resultó Puumala Calypso. Dos famosos actores fineses -Eino Krohn y Elina Salo- tenían a su cargo los personajes protagónicos y Kari Rydman, el crédito de la banda sonora. En Finlandia, Numidia realizó escasas grabaciones y al menos se ha podido identificar el registro de Puumala Calypso en extended play bajo el sello Filminor, aunque es presumible que el piano de la santiaguera se haga escuchar en los otros tres tracks.

La etapa finesa de la Vaillant dejó una huella indeleble en su vida: allí, en Finlandia, encontró el amor; un amor que la hizo dudar en quedarse allí para siempre o regresar a París. También recibió el amor del público finés: “Jamás imaginé que tendría tanto éxito. Durante dos meses, todos los días, había una sala llena con cuatro, cinco mil personas. En Finlandia tuve premios de películas donde tenía el rol principal. Este período fue muy importante. Estaba enamorada, por poco me quedo. Fue un momento muy intenso de mi vida. Era tratada con respeto, admiración. Desde el punto de vista artístico fue fantástico. Eso duró dos años.” Son años de amor y de él nace su hija Anaïta.

Ya Numidia destacaba en los circuitos jazzísticos. Desde su columna Paris Scratchpad en la revista especializada Jet, y durante los años 1969 y 1970 el cronista norteamericano Art Simmons se ocupa de destacar el paso de Numidia por diversos escenarios: en el Blue Note durante las fiestas navideñas y de año nuevo en diciembre de 1968; durante la temporada de deportes de invierno, se le pudo ver animando las noches en el Cintra Restaurant, en Grenoble; la edición de Jet del 22 de mayo de 1969 anuncia la aparición de la destacada pianista cubana en el Tel Aviv Hilton Hotel, en Israel, donde permanecería seis meses, tras los cuales Jet anunciaría el regreso de Numidia a sus espacios habituales en la Ciudad Luz, desde donde viajaría sin cesar con su música y encantaría sobre los escenarios de Roma, Estocolmo, Reikiavik, Madrid, Ginebra, Zürich, Cannes, Montecarlo…..Pero siempre volvía a París, que ya era definitivamente muy suyo. Construyó su familia elegida, amasada con sus manos de piano, y que unía a sus amigos que la adoraban sin reservas, no perdían ocasión para elogiar su talento a toda prueba, la seguían sin esconder el entusiasmo de sus aplausos a todos los sitios parisinos que continuaron acogiéndola: el Theatre de la Vieille Grille, Le Mars Club, Le Living Room, Chez Papa, Hotel PLM St. Jacques y su entrañable y exclusivo Sofitel Paris.

Entre las cosas que añoraba en 1998 y que lideraban su lista de pendientes deseados, estaba la grabación comercial de un disco, algo que nunca consiguió, expectante quizás porque alguna casa discográfica mostrara iniciativa. Sin embargo, uno de esos amigos divinos logró acercarla lo más posible a ese sueño: a Jean-Michel Delaroche y a su familia habrá que agradecerles siempre habernos legado esos discos, que, desde la más admirada devoción decidió producir para preservar el legado de la pianista santiaguera. Quien quiera conocerla y ahondar en la música que salía de sus manos, acrisolada por un conocimiento monumental y una sensibilidad extrema, tendrá que convertir en fonogramas de cabecera esos discos.

Jazzísimo fue grabado en 1984, en plenitud de su desempeño musical, su vitalidad, pero sobre todo su sentido del ritmo y su virtuosismo, que le permiten obtener un resultado que trascienden la supuesta soledad sonora del pianista y nos hace escuchar mucho más, como si de un trío rítmico se tratara. En Numidia Vaillant au Passage du Désir, la santiaguera aborda, en la cercanía de sus 80 años, un repertorio ecléctico de standarts de jazz junto a piezas del repertorio latinoamericano que van de Moisés Simons (El Manisero) a Atahualpa Yupanqui (Luna Tucumana); de Jobim y Moraes (Garota de Ipanema) a temas de la tradición popular caribeña en Haití y Guadalupe, hasta su personalísima versión del Zapateo Cubano.


Live à Ménilmontant es el último de estos fonogramas, y recoge el concierto ofrecido por la Vaillant el 4 de julio de 2010 Ménilmontant, con dirección artística y coordinación de Jean Michel y Romaine Delaroche; sonido al cuidado de Sebastian Poirel y Thomas Marmounier y mezclas en HotSpot Studio de París. En todos, el repertorio aborda standards de jazz y obras del american songbook (desde Fletcher Henderson, George Gershwin, Thelonius Monk, Duke Ellington, George Shearing, hasta Bill Evans) y también piezas latinoamericanas, finesas, clásicas y hasta alguna de su propia autoría, como es el caso de Numidia’s blues en el CD Jazzísimo. Todo ello, complejizado en su propia manera de decir y de comunicar.

En 2010, ya con casi 83 años, la Vaillant regresa al cine, esta vez interpretando el papel de Louissane en el cortometraje francés de ficción Le Piano, con guión y dirección de Raphäel Schultz. El filme, de 19 minutos de duración, cuenta la historia de una niña llamada Chloe –interpretada por Inés Chaaraoui-Mattei- que tras perder su hogar y mudarse con su familia a una móvil, se encuentra con Louissane, una anciana pianista, y ese encuentro le cambiará la vida.

Numidia había perdido la visión tras una intervención quirúrgica, y aunque nunca dejó de tocar, este accidente se sumó a la cuota de pesares que debió enfrentar en paralelo a su exitosa vida musical: la incapacidad invalidante de su única hija Anaïta, quien además le antecedió en la muerte, y la imposibilidad de ver en ella la continuidad de aquella estirpe depositaria de saberes y cultura que fueron las familias Vaillant y Villalón.

Cuando se sentó al piano aquella tarde-noche primaveral de mayo de 2015 en el Sunset Sunside Jazz Club, probablemente no sabría que sería la última vez que lo haría en público, aunque quizás lo intuyera. Su estado de salud ya era precario, se sentía cansada, y meses más tarde es vencida por la enfermedad. Fallece víctima de cáncer a la edad de 88 años, el 1 de octubre de 2015, rodeada de sus amigos, esa familia que siempre la arropó y cuidó, hasta su último aliento y más allá. Sus restos descansan en Gouvieux, cerca de Chantilly, y junto a los de su hija Anaïta.

No encuentro precedente femenino alguno en la pianística cubana del jazz, y acaso, es Numidia Vaillant, esa santiaguera soñadora, pero pragmática, la que abrió ese camino a las piano-women cubanas. Probablemente, Lilia Expósito, Bellita, nunca escuchó a la Vaillant; quizás tampoco lo hicieron Neisy Wilson y Marialy Pacheco, aunque sin saberlo, con su persistencia y la aún escasa difusión de sus respectivas carreras, han estado continuando ese camino que para Numidia tuvo su punto culminante cuando hizo suyo el mito de París.

Agradecimientos especiales a Marta Valdés, Raúl Fernández, Jaime Jaramillo, Enrique Pineda Barnet, Rembert Egües, Dámaso Rodríguez, Yuyo, y a amigos de Numidia en París que, sin saberlo, han colaborado con este trabajo.

Rosa Marquetti
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, noviembre de 2016.

Fotos: En la primera, Numidia Vaillant en una escena del cortometraje Le Piano, tomada de Theorem-films.com. La segunda, con Elena Burke y Meme Solís a la entrada del Club 21, fue tomada de La Habana Nocturna, extenso testimonio publicado en el blog Memorias de un cubano.

Descubrimientos de Tania Quintero

En YouTube, descubrí a Yaida Jardines Ochoa, santiaguera que vive y canta en París, interpretando Mañana será hoy, de la autoría de Numidia Vaillant, de quien fuera amiga y colaboradora, según esta nota de William Navarrete publicada en Diario de Cuba cuando en 2015 Numidia falleció. También descubrí al grupo argentino El Caribefunk cantando Juanita la chismosa, que al no ponerle crédito se deduce que se trata del mismo número de Numidia Vaillant, que en ritmo de mambo en 1954 le grabara el cantante vasco-francés Luis Mariano.


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